Es posible que mis nuevos lectores llegados en su mayor parte de Google (algunos gracias a búsquedas como estas) no conozcan el experimento sociológico que estoy llevando a cabo y que es toda una pesadilla en la que yo elijo mi propia aventura. Se titula 21 Citas de Tinder, #21citasdeTinder para los que usan Twitter. Para quien no sepa en qué consiste, queda explicado aquí. Pero vamos, que el resumen es que quedo con 21 chavales que conozco en la app y los destripo en este blog. Todo sincero y transparente. Voy solo por la cita diez y ya se me está haciendo cuesta arriba esta montaña rusa de emociones vivas y un poco haters.

En fin, que el otro día quedé con un chiquillo y vengo aquí a contarlo, dónde si no.

CITA 10/21 – El vegano capitalista

El vegano capitalista es vegano para lo que le interesa, porque luego trabaja en la multinacional más capitalista que puedas imaginar. También va de rey de la clase obrera, de mejor amigo de Rita Maestre, pero la realidad es que es una pobre pretensión bastante rebajada del Lobo de Wall Street. Un poco de incoherencia ajena nunca viene mal, te hace crecer el autoestima y pensar que no estás tan mal de tus cosas. En fin, le avisé de que escribiría sobre él, y a la segunda accedió. Porque en el fondo a todo el mundo le mola que escriban sobre él, aunque sea algo malo. Tiene su morbo.

Dejando de lado su parte incoherente, diré que se prestó a contestar a todo lo que le pregunté, como buen chaval de barrio no altivo. Preguntas cortas, respuestas concisas. De hecho, me contó toda su vida sin pestañear. Le obligué a colocar a sus amigos en una lista por orden de preferencia, y aunque no le costó lo más mínimo, seguramente que después se replantara sus amistades.

Por si no lo sabéis, cuando haces un match, Tinder te cuenta qué amigos tenéis en común en Facebook. Pues el vegano capitalista y yo resulta que tenemos una amiga en común, que hace que no vemos ninguno de los dos, unos trece años. Desde nuestra cita tenemos un grupo de whatsapp los tres para ponernos al día de todo lo que nos ha pasado estos años. Nuestra amiga en común no parece muy interesada.

Y como estos tres párrafos tampoco dicen mucho de la cita de Tinder número diez, aquí cierro con mis conclusiones:

order robaxin on line Parecido real con sus fotos de Tinder: Tal como me lo esperaba. Sus fotos lograban que la apariencia y el ser pudieran estar cerca.

go to link Parecido real con su descripción de Tinder: Avisaba de lo del veganismo. Yo ya iba concienciada de que me caería una turra especista. Y sí, me comí la chapa vegana, pero también las tapas de salchichón y cecina. Y ni siquiera me gustaron. Sentí cómo el cerdo que fue antes de salchichón pedía auxilio mientras se deslizaba por mi esófago rumbo al cardias.

Tastylia France Pros:

  • Me dijo que soy buena periodista. Que ahora que lo pienso, eso puede considerarse como hacer la pelota. Aunque es cierto, la de torturas que podrían haberse evitado si me hubiesen sentado delante del torturado en cuestión. La Santa Inquisición no habría hecho falta conmigo en escena.
  • En el bar donde estábamos había un sorteo de una cesta de navidad. Le conté al camarero que estábamos en una ciTinder y que era necesario que jugáramos por separado por si nunca más nos veíamos. Sabe Dios, aquí presente, que si gana él la cesta la va a compartir conmigo.
  • Me enseñó una fórmula de excel que no conocía.

Contras:

  • Se tocaba muchísimo la nariz. Intenté omitirlo mucho rato, pero a la tercera cerveza no pude evitar decírselo. Dijo alguna excusa barata. Tenemos dos opciones: mocos o Riverita.
  • Hijo único. Intentó convencerme de que sus navidades familiares son la mar de amenas y divertidas, pero ay amigo, ni de coña. En mi imaginación aparece un triste salón lúgubre de barrio obrero; y en él, madre, padre e hijo de la mano bendiciendo el pavo relleno de angustia vital y de lo que pudo haber sido y no fue.
  • Se tiró hablando de fórmulas de excel lo menos veinte minutos.

Silencios incómodos: Lo primero que me dijo fue que su abuela estaba en las últimas. O sea que sí. A partir de ahí solo podía mejorar. Pero no tanto. Llegó un momento en el que yo misma creé el incomodismo. Me tocó el brazo y le avisé de que no me gusta el contacto humano. Momento incómodo. Para arreglarlo, le juré que estaba en proceso de curación mental y que lo estaba superando. Le exigí que me tocara el brazo de nuevo pero más rato. Lo hizo. Momento incómodo. A partir de ahí se sucedieron varios momentos incómodos.

Atuendo: Sinceramente, no lo recuerdo. Creo que llevaba un jersey rojo. Meh. Pa guapa yo, que soy la importante. Eso sí, me pareció que se metió con mi bolso de tela. Bolso de la tahona, lo llamó.

Remordimientos por emplearle para mi estudio sociológico: Cuando avisas a alguien de que va a formar parte de un estudio sociológico sobre Tinder, los remordimientos se convierten en autoconvicción y empoderamiento.

Parecido con cualquier hombre de fuera de Tinder: Sí, ¿no? Yo diría que sí. De uno con sentimiento de barrio y paquete corporativo.

 

Y esto es todo. Ahora me despido con un guapo de Tinder:

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Si te gustan los tíos sinceros y que le den un poco a todo, no busques más.

 

Madre mía, y todavía me quedan 11 citas de Tinder. No le veo el fin.

 

4 Comentarios

  1. Me quería hacer la maratón completa de las 21 pero bueno, ahi descubrí que no está finalizada la “saga”. Te agradezco por el entretenimiento que me generas al leerte y espero la 11. Un saludo desde Argentina.

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