La semana pasada alguien me contó una bella historia de amor. Una pareja que se había conocido en la guerra colombiana, habían tenido que sortear toda clase de dificultades para alcanzar su amor. Pues no va su hija y se echa un novio de Tinder. Pues sí, amigas, así es el amor en la actualidad. El amor nace del Tinder, las parejas de Tinder son reales, aceptadlo ya, estoy cansaíca de tener que irlo repitiendo.

Hace unas semanas os hablaba de otra de las parejas de Tinder, nacidas de esta amorosa aplicación. Se trataba de César y Teresa, una pareja feliz. Que espero que lo sigan siendo, allá donde se ubiquen, pues su felicidad es mi meta vital. Espero que sigan siendo felices, quiero decir; si sus vidas se han separado no me queda más que desearles lo mejor.

Hoy traigo otra historia de amor para trasladaros, una historia de amor interracial (más o menos), una historia de amor que cruza fronteras y océanos.

Pilar y Memo, otra pareja feliz

Lo primero que tengo que aclarar es que Memo es el diminutivo de Guillermo en México. Y sí, este es el primer spoiler. Memo es mexicano cual mariachi, y Pilar más española que Cayetano Luis Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart. Y que en México acorten Guillermo como Memo me parece pelín raro.

¿Qué me contó esta entrañable pareja? Para empezar, las diferencias conceptuales que la gente tiene sobre Tinder en Europa vs. México. Por lo visto en México solo se usa Tinder si no tienes habilidades sociales (queridos lectores mexicanos, esto es la opinión de un solo mexicano, no os ofendáis). Aun así, Memo rompió con el tabú. Habilidades sociales tiene el chavo.

Memo vino a Madrid a hacer un máster la maestría en educación sexual y asesoramiento sexológico (a-há) (¿somos expertos en eso en Madrid? mira que me da que no). Muy sociable pero bien que se baja Tinder na más pisar reino castellano: “cuando venía a España me emocioné de más porque había mucha europea zafada, que las europeas están bien locas”. Pilar, en cambio, se descargó Tinder por primera vez en Bournemouth, donde emigró para ser camarera, persiguiendo el sueño inglés de cocinar pancakes a los huéspedes de varios hoteles prontito por la mañana. Dice que no sabe para qué se hizo Tinder, que tenía un amigo gay que usaba Grindr y quería hacerle compañía. Mira, Pili, no engañas a nadie.

El caso es que el Brexit se votó, la gente se cagó, UK huyó, la UE murió y Pilar volvió. Dice que echaba demasiado de menos la charanga de su pueblo, razón principal por la que los españoles volvemos a la patria, razón número uno por la que nos sentimos todos muy de aquí. Y cuando septiembre llegó, Pilar tenía que buscar un trabajo… pero mejor decidió volver a abrir Tinder.

Memo a todo “le daba para la derecha, sin ver, sin miedo (en serio, palabras suyas). Cuando recién llegó ganchaba chingos de viejas. “Ni yo me lo creía”. La realidad es que solo ganchaba con latinas, que poblaban su maestría. “Aquí la manera de tirar rollo es bien diferente, no funcionaban mis trucos ni mis mañas” (Sí, estáis en lo cierto, Memo es intenso nivel Romeo Santos). Hasta que, entre like y like, apareció Pilar en Tinder.

A ella le atrajo su descripción: Mexicano estudiando maestría en sexología en España. (No sabe ni ná). A él le gustó que supiera hablar muchos idiomas. La descripción de Pilar era tal que así: Nini de vuelta de [bandera inglesa]. Qué ganas de fiesta, la vida son dos días. ES / EN / FR / PT / IT / CAT / EUS / GAL / VAL / BABLE (es posible que haya añadido algún idioma de más). Las fotos de Memo eran en un concierto, con un coche carro, bebiendo tequila, aparentando ser un mirrey. Vamos, lo que se espera de un mexicano en Tinder. Las fotos de Pilar eran en las ya famosas fiestas de su pueblo, en la playa con sus amigas, haciendo surf. Vamos, lo que se espera de una española en Tinder. Memo ahora reconoce que le dio un like sin haber pasado de la primera foto. A Pilar, Memo le pareció un flipao, pero quiso comprobar si decir que estudias sexología es un nuevo truco para ligar más y mejor.

Hablaron un poco, todo normal. Llegado el momento ella se vino arriba y decidió llevarle a un sitio muy guay: LA MORDIDA. Con toda su buena fe, la pobre intentó hacer sentir a Memo como en casa. Memo, en cambio, define a este restaurante con la palabra OGT. Ella le invitó porque en España el machismo ha muerto. Él le dijo “la próxima te invito yo a un sitio de veras” (Creo que “de veras” se escribe así, Memo hablaba muy rápido y no me dio tiempo a coger notas de todo y a la vez preguntarle si esa expresión se usa igual que aquí. Es posible que dijera “de verdad” y no oyera bien. Aprendí algo en esta entrevista y es que ser reportera es bien cabrón).

A Pilar, Memo le pareció muy muy sociable. Efusivo, latino. A Memo, Pilar le pareció muy divertida y muy española “me cayó comadre, era muy alivianada.” Ambos cumpliendo tópicos, como debe ser.

Septiembre de 2016 fue un mes lleno de citas, época de conquistas. En octubre de 2016 ya eran novios, como manda la tradición hispanoamericana. Para sellar su amor, Memo le regaló un collar de plata con forma de corazón. Y de un tiempo a esta parte, alguna que otra cosa ha cambiado, pero no su amor ni la forma de corazón del collar de plata que lleva Pilar. Eso no se derrite, no como las galletas de chocolate que tenía guardadas en el armario esta semana.

Quería comentaros que Pilar y Memo podríamos ser cualquiera de nosotros, una de tantas parejas de Tinder. Nunca desesperéis en el intento de encontrar el amor a través una aplicación móvil. Nunca. Y si no, siempre nos quedarán las FARC.

parejas de tinder
Últimamente parece estar de moda que los hombres crean que estar de pie a su lado puede ser lo mejor que nos haya pasado desde la invención de las mociones de censura.

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