Era una mañana cualquiera, jamás sospeché que acabaría teniendo mi cita 8 ese mismo día. Hacía un tiempo apacible (dato crítico). Decidí hacer caso a mis pasiones internas a la par que sinceras, y osé bajar a desayunar al bar que hay debajo de mi casa. Sí, puede que eso solo lo hagan los viejos o los hipsters, pero qué soy yo si no una hipster vieja. Mi particular afición es bajar a desayunar al bar.

Ahí estaba yo, con la parte de abajo del pijama y la parte de arriba del chándal (porque la parte de arriba del pijama es reemplazable por una camiseta publicitaria, que también sirve como chándal). Sé que el imaginario colectivo que los medios nos han inculcado puede haceros creer que mi pinta era esta, pero 1) esa postura es irreal, y 2) no. A lo que iba, ahí estaba yo disfrutando placenteramente de una tostada con aceite y tomate, de las 20 servilletas que necesito, pensando en cosas que añadir a mi cv. En mitad de este show una notificación del Tinder me sacó de mi momento zen.

Era un guiri, que me habló en inglés, así de sopetón. Y mira que en ningún momento del Tinder especifico yo mi don con los idiomas, los 37 que hablo. Pero le contesté in my best English, con to’ mi arte. Y me dijo que estaba desayunando unas manzanas más allá. Manzanas no estaba desayunando, solo que estaba unas manzanas más allá. Bueno, igual sí que estaba desayunando manzanas. El caso, que me dije a mí misma “que se venga, que nos faltan muchas citas que completar” “¿Así, que nos vea con el chándal?” “El chándal nos queda fetén. Ojalá dejaran ir en chándal y/o pijama por la vida” “En Estados Unidos dejan y dan pena” “¿De dónde es este chaval?” “Volvamos un momento a lo bien que me queda desayunar en chándal, con las manos y la cara llenas de aceite” “¡Que se venga el guiri! ¡Que se venga el guiri!” “¡Cita 8, vaquera!“. Como todo el mundo, yo suelo mantener conversaciones disociadas conmigo misma. Otros ejemplos de mis monólogos internos, en la cita 5.

CITA 8/21 – El Guiri

Pues qué decir de este chico… Era el guiri más guiri de los guiris. Pelirrojo, guiri, norteamericano, guiri, extrovertido, guiri. Y además era majo. Es que el pobre no tiene ni contras.

He de admitir que Tinder me ha dado una gran lección, resulta que el guiri resultó ser un amor y que yo, si no estuviera haciendo este experimento, no le habría dado un like, no le habría respondido y en mi vida le habría invitado a desayunar conmigo. Más bien le habría dicho “puto loco ni se te ocurra venir a este bar”. Pero, what’s the matter? Que los estadounidenses utilizan Tinder como los de La Sexta a Ferreras: para todo y a todas las horas. Si tienen un minuto libre y no saben qué hacer, recurren a Tinder a que alguien les cree un plan. Cómo son. Tenemos que aprender mucho de ellos. Ellos, los americanos progres. Los otros no.

 

Parecido real con sus fotos de Tinder: Iba de ciclista mega profesional. Pues ojo, que además es que lo es. Yo pensaba que sería uno de estos motivados de la bicicleta in his free time, pero resulta que está en un equipo real, de los buenos. De los que meriendan clembuterol. Flipas, que se gana la vida con el ciclismo. Me confesó, desde la humildad, que tiene un club de fans, y que no son familiares. Cuando se fue le busqué en Google y era todo real. Tiene su propia web en la que hay que hacer un scroll infinito para ver todas las carreras y etapas que ha ganado. Podré hablar de él en mi senectud a mi camada de gatos.

Parecido real con su descripción de Tinder: Cuando solo te describes con tu profesión y tu lugar de nacimiento, hay muchas posibilidades de que te parezcas a tu yo real.

Pros:

  • Admiró mi nivel de inglés. Que para haberme olvidado de deletrear palabras, no está mal. Porque sigo luchando por lograr distinguir la A de la I, la G de la J.
  • I really practiced my rusty English.
  • Fixing politics in a bar. Classic.
  • Me enseñó a hacer más caso a la gente anciana, comprender sus demandas. Sobre todo respecto a la comida: ya han comido mucho, saben qué es lo bueno. Hay que comer más donde coman los viejitos. Sin entrar en las residencias de ancianos.

Contras:

  • La única contra real es que no me enamoró. Que no era éste el propósito de las #21citasdetinder, pero ya que estamos, se dice.
  • Se iba al día siguiente.
  • Al final desayuné dos veces, y tomarse dos cafés seguidos como que altera.

Silencios incómodos: Casi ninguno. Me interesa tanto la visión de los americanos sobre cualquier cosa, que me faltó sacar el cuaderno, boli y grabadora. Como si por hablar con un americano ya pudiera hacer un estudio fiable de la completa opinión estadounidense.

Atuendo: Él no iba en chándal, y eso que trabaja en el sexy chándal de los ciclistas, aka maillot. Qué elegante el guiri, la madre. Hasta que llegó el momento de salir a la calle. Ahí fue cuando sacó repentinamente sus gafas de ciclista verde fosforitas que me hicieron replantearme toda mi cita 8.

Remordimientos por emplearle para mi estudio sociológico: No me queda de eso.

Parecido con cualquier hombre de fuera de Tinder: No sé, si eres de un estado americano progresista, votas a Bernie Sanders y te ganas la vida en bicicleta, entonces supongo que sí.

Travis tinder cita 8
Travis no fue mi cita 8. Pero tiene un sabio lema que se traduce en “apechuga si os conocisteis en Tinder, que no es pa tanto”

Os he dicho que se iba al día siguiente. Pero no para siempre. Volvió unas semanas más tarde. Su próximo plan es ir desde Madrid a Málaga en bicicleta con unos amigos. Y necesitan a alguien que vaya en una furgoneta de apoyo. Con todos y cada uno de los gastos pagados. A qué no sabéis dónde me voy este fin de semana.

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