Ya he visto que tengo un público exigente y que en realidad solo queréis odio del más puro. Cuando hablo de amor y parejas que se quieren gracias a Tinder solo recibo críticas y mensajes de gente muy decepcionada. Pues que os den. ¿Queréis mierda? Pues pa mierda mi quinta cita de Tinder.

Dejé a Antonio (mi cita 4/21) en un geriátrico tras enterarme de que en realidad tenía 41 años, algo que mi cuerpo no toleró. Fue entonces cuando un nuevo amanecer dorado de nuevas citas se abrió ante mí. Y entonces apareció Álvaro. Tenía una foto en un plató de La Sexta. Si es que, qué previsible soy.

CITA 5/21 – Álvaro

Lo mejor que me pasó en la quinta cita fue que el día de antes me encontré a Pablo Simón (miradle, nadie jamás ha hablado de la reforma de la Ley Electoral con semejante pasión). Y eso fue el día antes de la cita.

La verdad es que empezó todo mal, porque si Álvaro y yo habíamos quedado a las 22.00, a las 21.45 todavía estaba decidiendo si me merecía la pena levantarme del sofá y limpiarme el surco de baba seca que recorría el espacio entre mi boca y mi oreja. Decidí que darle plantón sería demasiado cruel y que yo soy una chica majísima e inofensiva. Así que en cinco minutos ya iba vestida otra vez con mi uniforme de Tinder y además oliendo bien. Al salir me miré al espejo y me di la enhorabuena por ser capaz de pasar por tantos registros en tan poco tiempo.

Me propuso ir a un concierto de Jazz lento, pero logré convencerle para quedar en Sol como es tradición en Tinder. Cuando estaba embobada viendo el show de los swaggers que saltan por encima de una fila de 150 personas tumbadas (no porque yo sea impresionable, sino porque a algún lado hay que mirar) una voz conocida me asaltó. Y digo conocida porque Álvaro me había enviado ya unos 35 minutos de notas de voz por Whatsapp. Era como de la familia. Cuando mi mente asoció su voz con su cara pensé “joder, qué puta pereza”.

No es que yo sea de hablar mucho pero al menos suelo hacer preguntas. Pues no. Nada. No me dio ni tiempo a inventarme una excusa por la que me habría tenido que ir pronto, porque todos los minutos que pasamos los ocupó él. Con el espacio y con la voz. Lo único que me preguntó fue con cuántos chicos de Tinder había quedado. Le dije que él era mi primero. Pero no le dio ni tiempo a procesar la respuesta porque ya estaba hablando de sus cosas de periodista de La Sexta. Hacía aspavientos, usaba onomatopeyas, silbidos y hablaba muy muy muy rápido y alto. Era bastante escandaloso. En la segunda ronda mi lenta y sobada mente estaba pensando en cómo abandonar la cita, Tinder y la vida.

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Sí, mi fondo de pantalla del whatsapp es el mar porque me da la calma que no me da Álvaro. Y sí, tengo un grupo de whatsapp que se llama becas black, y es lo más.

Al principio me esforzaba en escucharle. Luego una primera pregunta me atravesó el cerebro mientras Álvaro hablaba de sus cosas de periodista. “¿Cuándo caducaban los huevos de la nevera?” Me intenté concentrar, pero enseguida me apareció otra: “¿Cuántos huevos sería capaz de comer sin vomitar?” Y ya no pude parar mi mente mientras ponía cara de no-me-estoy-perdiendo-una-sola-palabra-de-lo-que-me-dices. “¿Caducan más tarde porque son de gallinas libres? ¿Cómo de libres son esas gallinas? ¿Por qué es tan feo mi pelo? ¿Existe una moto para que a la gente bajita como yo no le cuelguen los pies? ¿La culpa de todo la tiene Yoko Ono? ¿Cuánto me pesa cada teta? ¿Moriré sin que nadie me de un puñetazo en la cara? ¿Y si esto es un sueño y en realidad el mundo es bocabajo? ¿Volverá España a ser una república? ¿Ha superado ya el dólar al euro? ¿Cuánto exactamente cayó Bankia en la Bolsa? ¿Siguen vigentes las restituciones a la exportación?

Luego me dijo que tenía un hermano gemelo y le toleré un poco más porque seré una tipa dura pero se me ablanda el corazón como a cualquiera cuando me entero de la existencia de gemelos. Es cierto que era majo, pero de verdad que hablaba mucho y con demasiado entusiasmo. El entusiasmo era tal que salió del bar a fumar un momento y creyó conveniente hacerlo mediante un salto mortal que hasta la gente que estaba fuera fumando le aplaudió. “Joder, qué puta pereza”, pensé yo. “Ojalá el concierto de Jazz lento”.

Cuando volví a casa me miré al espejo y me di la enhorabuena por haber aguantado estoicamente semejante tabarra.

 

Parecido real con sus fotos de Tinder: Sí, supongo. Le dije (antes de conocernos en persona, claro) que en una no tenía cuello y se picó. Y esto mismo que yo os he contado en una frase, él lo hizo en cien.

Parecido real con su descripción de Tinder: Tiene una bandera inglesa como sinónimo de hablo inglés y creo que no habla inglés. Pero español habla de sobra.

Pros:

  • Tenía los dientes megablancos. Rollo Bon Jovi. No entiendo cómo lo hacen algunas personas. Bon Jovi supongo que con dinero, ¿pero la gente normal?
  • Tiene una anécdota familiar con Wyoming bastante buena, hasta el propio Wyoming la cuenta en su biografía. Lo sé porque obviamente me enseñó las fotos que lo demostraban mientras movía mucho los brazos.
  • El bar olía a huevo frito.

Contras:

  • Es el típico amigo de los camareros. Es el típico amigo de los camareros, las camareras, los cocineros, la gente que existe y la madre tierra.
  • Me preguntó si me tomaría otra otro día. Debí de parecerle interesante físicamente, porque lo que es mediante el diálogo claramente no. Le dije que por supuesto que sí. Los milenials no sabemos rechazar cara a cara desde la invención de los mensajes de texto.
  • Creo que no os he contado que hablaba mucho.

Silencios incómodos: Ha roto cualquier medidor de esta categoría.

Atuendo: Llevaba una camiseta de Star Wars. “Serás friki” pensé. Luego recordé que yo también tengo una y me disculpé mentalmente.

Remordimientos por emplearle para mi estudio sociológico: Cuando he escrito el título de este post tenía bastantes. Ahora se me han pasado todos.

Parecido con cualquier hombre de fuera de Tinder: Supongo que en Andalucía sí. Y eso que no era andaluz.

Solo rememomar la cita ha sido extenuante, así que debo descansar. ¡Hasta la próxima!

cita pedos
Jesús, 28 años. Pedos. Una sola foto de una coca cola. Pa qué más.

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