Antonio es escritor, así que obviamente no se podía estar callado. No tuve ni que pedirle que escribiera su versión de los hechos acontecidos en mi cita 4/21 de Tinder. Segundos después de acabar nuestra cita (narrada aquí por mí misma) me envió la primera versión del texto que ahora vais a leer. A lo largo de una semana me dio muchísimo la chapa enviándome cada 5 minutos una nueva revisión, que unido a la muy leve censura que he tenido que emplear, dejan el texto como veis. Además me comprometo a no añadir la puntilla tras cada frase suya, cosa que mentalmente he hecho cada vez que he leído su versión.

ACTUALIZACIÓN: Horas después de publicar esta entrada, me sigue mandando correcciones. Que pare ya.

Pido perdón de antemano por lo que ahora vais a leer. Si a alguien le da vergüenza sin duda es a mí, pero el tan afamado y anciano escritor de Tinder debe poder expresar con libertad su opinión de lo ocurrido. Esto tenía que pasar algún día.

Los enlaces los he añadido yo, que he hecho un gran trabajo de investigación. Me hacéis el favor de abrir alguno.

Cita 4/21 – Los hechos según Antonio

Llego a la cita con TinderBloguera con mis dos chascarrillos rompehielos preparados de casa, “no me extraña que los tíos con los que quedas se traigan un libro, en algo se tienen que entretener hasta que te dignas a aparecer. El próximo día me vengo con el de “Esperando a Godot“. Que llegue solo 7 minutos tarde me jode parcialmente el chiste cultureta. Tiene una sección en el blog donde evalúa/aniquila a sus pretendientes, en que mide el nivel de silencios incómodos y no quiero suspenderla. La otra gracia es una continuación sobre una previa suya en que amenaza con traer una picadora Moulinex al encuentro. Comienza tímida, mirando de soslayo y andando como si nos estuviera persiguiendo el ministro de hacienda (o cualquier otro pepero) pero no me confío, solo es una serpiente agazapada que espera el mejor momento para picarme con su lengua viperina. Nada más entrar al bar de la calle Ferraz me ataca con lo que se va a convertir en la pulla recurrente de la noche, “la media de edad es de 70, ¿qué me has traído, a la reunión de ex-alumnos de tu instituto?”

– Joder, solo tengo 36. Si publicara una novela el año que viene, la crítica hablaría de una joven promesa.

– Me acabas de mirar las tetas.

– Pero si llevas un jersey de lana y cuello vuelto.

Con una pose de cinismo que le sale natural, me hace un interrogatorio íntimo a lo Jesús Quintero pero sin humo de por medio y yo, que había decidido ser prudente para que no pudiera publicar mis miserias, las confieso todas como si me estuvieran interrogando en la Dirección General de Seguridad en 1973. Luego pienso que tampoco es Diana Aller y ese blog lo debe de seguir su madre y las amigas del pueblo para ver cómo se liga en la gran ciudad. Le saco diez años y se nota el abismo generacional en cultura popular. No sabe que el lema “si bebes no conduzcas” proviene de una canción de Stevie Wonder, “ay, con lo que me gusta a mí ese hombre” se excusa.  Tampoco conoce que el origen del periodismo del corazón moderno es la mítica entrevista a Belén Esteban en Tómbola donde amenaza a la Jesulina con arrastrarla del pelo por toda la Gran Vía por decir que Andreíta se parece a la familia paterna y, en concreto, a ella.

Como es incluso más mala que yo, nos divertimos burlándonos de la gente, que eso siempre une, y se crea una complicidad que va creciendo a la misma velocidad que se vacían nuestras bebidas y las de los ancianos de los que nos reímos. Recibo un mensaje de mi amiga Alicia en el que me pregunta si la chica de hoy me gusta, le respondo que sí y se lo enseño a TinderBloguera. En lugar de soltar un comentario sarcástico, sonríe, recompone la compostura y continúa con su carrusel de preguntas, esta vez a lo Risto, hurgando en la herida una vez que ya estoy abierto en canal. ¿Quién de tus tres hermanos es el preferido? ¿Y a quién de los tres dejarías caer por un barranco, tipo la peli de “El buen hijo“? Tiene un poco complejo de Cecilia, la de la alta cuna y la baja cama, de ser la única economista keynesiana de, pongamos, Pozuelo, “tengo un troquelado de Errejón en mi dormitorio” y cierta aversión al contacto físico con extraños, porque cuando acerco mi brazo a menos de tres metros para explicarle gráficamente una anécdota de cultura popular, se echa hacia atrás (fui recién duchado a la cita, esto no es Badoo pero nunca se sabe lo que puede pasar). En lo que cambiamos de sitio casi atropella (ella) a un coche, lo de pasear como si huyera de un tsunami igual no es por timidez. Invita ella en el segundo bar y, al ponerse en pie (y después de quejarse de que la cuenta es dos euros más cara que la que pagué yo), me vuelve a acusar de mirarle las tetas.

– Tienen pinta de ser pequeñitas.

– Que sepas que no me lo monto con mayores de 35.

Parecido real con sus fotos de Tinder: En sus fotos de perfil no tiene ánimo de mentir, no se las saca con perspectiva ni mete filtros. Tiene una belleza discreta, intelectual y maligna, como de Susan Sarandon en Las Brujas de Eastwick.

Parecido real con su descripción de Tinder: Las chicas no escriben textos de perfil, ni puta falta que les hace.

Pros:

  • Sentido del humor escatológico. Su mejor pregunta de la noche fue “quién es la mujer de mayor edad con la que te acostarías”. Dudé entre la Reina emérita, por eso de los Sex Pistols, Isabel II y las felaciones, y Ana Belén, pero me quedé con la última. Lo incluyo como ejemplo de escatología. Por el tipo de pregunta, no por Ana Belén, que es maravillosa.
  • Sentido del humor general. Me permite sacar al gilipollas que llevo dentro sin violentar la cita.
  • No se pee. Dice que tiene una incapacidad somática para expeler los pedos de forma clásica. Solo se le hincha la tripa como a un niño de Biafra y luego los gases se volatilizan por arte de magia cuando se tumba boca arriba.
  • Está buena. Lo que sí le miré fue el culo y aprueba con nota.

Contras:

  • Su fobia al contacto físico. No me suele gustar follar sin que exista.
  • No deja propinas. Es tacaña, pobre o ambas cosas. Mucho Keynes pero recorta más que el ministro que la va persiguiendo por Madrid.

Silencios incómodos: No hubo. Gracias a mí.

Atuendo: Muy mona, discreta, podría habérsela presentado a mis padres esa misma tarde.

Remordimientos por emplearla en un estudio sociológico: Ninguno, que pruebe de su propia medicina. Además, las chicas inteligentes no me dan ninguna pena.

Parecido con cualquier mujer fuera de Tinder: Tiene una cara muy común, le habrían sacado un montón de parecidos razonables en “El Informal” (programa humorístico de televisión de formato en directo, emitido en Telecinco entre el 13 de julio de 1998 y el 5 de abril de 2002).

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Para terminar, le propuse a Antonio que cerrara el post con un pantallazo suyo de Tinder. No tengo ni palabras para este final.

antonio y su cita
ay por dió.

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