Todo comenzó cuando mi amiga la que me recomienda hombres en Tinder me recomendó a Antonio. -Podéis hacer un gran proyecto juntos- me dijo. Era un señor de unos 150 años más que yo con una descripción eterna. Al final decía “Estoy escribiendo una novela sobre Tinder”. Le di un like. Es que ya no tengo ni filtro.

Acabó siendo un match y acabó cayéndome bien. En un momento de su vida decidió que era buena idea enviarme partes de su novela por email. Así que, inocente de mí, comencé una lectura en diagonal de las 879 páginas que me envió en varios words. Era una novela totalmente biográfica en la que contaba sin escatimar en detalles todos los tipos de experiencias que había tenido con mujeres de Tinder y otras webs de contactos, porque como ya os he contado, es un señor mayor y antiguamente se usaban otras cosas. Desde mi silla leyendo su novela podía oler el personaje principal (véase Antonio), apestando entre humo y sudor. Las mujeres de sus encuentros también escribían sobre él, y había en todas ellas cierto rencor. Mi alerta “este señor no es de fiar” me quería decir algo.

Pero Antonio el anciano me dijo que quedáramos. Y como en el fondo estoy haciendo un experimento sociológico y me podía ser útil su experiencia escribiendo sobre Tinder le dije que sí. Me hizo tres propuestas:

  1. Patinar → No lo vi apropiado por miedo a que se cayera y se rompiera la cadera.
  2. Robar ropa interior del primark → No lo vi apropiado en general.
  3. Hacernos militantes de UPyD → No se pudo llevar a cabo porque la sede de UPyD ahora es una carnicería.

En fin, finalmente acepté quedar con él en un sitio muy público. Le avisé de que me había comprado una picadora de alimentos y que la pensaba llevar a nuestro encuentro por si acaso. También escribí a varios amigos diciéndoles que si yo desaparecía acudieran a la policía contando esta historia. Y cuando estaba llegando a nuestro punto de encuentro me fijé dónde estaba la comisaría más cercana. ¿Confío en la policía? No, pero nunca se es precavida de más.

CITA 4/21 – ANTONIO

Se me hizo raro que no andara con taca-taca, que no tuviera alzheimer y que en general pareciera normal. Pensé que la verdad es que no era tan mayor y que es posible que yo ya no tenga 18 años. Pero luego me hizo dar una vuelta enorme por Madrid y me metió en un bar de ancianísimos, y se me pasó la idea.

Me contó la historia de su novela y aprovechó para narrarme varias de sus aventuras con mujeres mientras yo iba poniendo cara de “demasiada información”. En los primeros 15 minutos ya me había enunciado cómo le echaron de una web de contactos por corregir faltas de ortografía al dueño. Era claramente una falacia, pero qué tío, poco a poco me iba cayendo bien con sus historias medio falsas medio ciertas.

Parecido real con sus fotos de Tinder: Ninguna. No he visto jamás a nadie con peores fotos: desenfocadas, cortadas, y especialmente malas. Tiene un par de fotos en las que se aprecia que es DJ en una discoteca indie. Ser DJ: la profesión que más odio. El Indie: el género que más odio. Reconozco que conocí Viento de Cara cuando los de Supersubmarina tuvieron el accidente. Pero para solo pinchar Izal y Sidonie se sabía unas cuantas canciones de reggaeton que no dudó en cantar acompañando la música de fondo.

Parecido real con su descripción de Tinder: Excepto lo de la novela de Tinder todo era mentira, confesó la mitad y la otra mitad no hizo falta, se delató él solo. Había varias referencias culturales a cosas antiguas que no conocía. En general era una buena descripción, a pesar de ser falsa.

Pros:

  • Se las dio de entendido con el vino al principio, pero en realidad no tenía ni idea de vino. La gente que sabe de vinos no es de fiar.
  • Fui al baño y al salir me preguntó si había cagado. Se medio arrepintió de preguntarlo, pero me hizo gracia.
  • Supo reírse de sí mismo. Y de los demás, que es más importante.
  • En realidad no fue necesaria la picadora de alimentos, pobre Antonio.
  • Qué cabrón, tenía sonrisilla arrebatadora.

Contras:

  • Es muy fan del mundo del corazón de los años 80 y 90, pero prefiere llamarlo cultura y/o historia de España.
  • Me dijo que tengo una cara plana y que el colorete ya no se lleva. Esto me dolió mucho porque el colorete es la base de mi maquillaje y la base de mi vida.
  • Le pregunté a qué hermano salvaría en caso de que los tres estuvieran al borde de la muerte y solo pudiera salvar a uno. Me dijo sin remordimientos que se cargaría a los tres.
  • Su compañera de piso le lava la ropa y su madre los tuppers. No se las merece. Y ya tiene una edad.

Silencios incómodos: Joder, ninguno, no se calló. Me decía “solo estoy hablando yo” y luego seguía hablando diez minutos él a toda velocidad. Solo me daba tiempo a hacerle alguna pregunta entre sermón y sermón.

Atuendo: Iba vestido como podía ir cualquier otro día en su vida. Me pareció bien. Yo llevaba mi atuendo específicamente creado para las citas de Tinder, siempre triunfando.

Remordimientos por emplearle para mi estudio sociológico: Menos mil.

Parecido con cualquier hombre de fuera de Tinder: Menos quinientos. Quién es DJ y a la vez escritor de novelas sobre Tinder.

 

Espero no haber ofendido a nadie con esta cita cuatro de veinituno, que está la masculinidad muy susceptible estos días. Sobre todo espero no haber ofendido al protagonista. Joven Antonio, espero que no hayas sufrido demasiado. Por cierto, tengo que decir en pro de su libro que esta cita ocurrió hace un año, aunque claramente no haya sido así.

Y me despido con este chaval que no es Antonio, ya sí que sí.

no es mi cita tinder
Tanta ansia por subir su perfil a Tinder que se le olvidó escribir a qué parque de bomberos le han destinado.

 

4 Comentarios

  1. Jajajaja qué buena cita!! Me hubiese encantado veros en la cita, con la picadora de carne presidiendo la mesa!! Me le imaginé pero me quedé con ganas de más

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